Hace mucho tiempo en la ciudad de Ankara, en Turquía, vivía un criado que se llamaba Omar.
Un día, su señor Musa, le ordenó que fuera a buscar a Imán, su hija. Cuando ya la había recogido y se dirigían hacia casa, ocurrió una cosa terrible. Unos señores encapuchados secuestraron a Imán. Omar intentó perseguirles, pero ellos eran mucho más ágiles que él y se escaparon. Omar estaba confuso, pero pensó que cuando más rápido se lo dijera a su señor, más posibilidades habían de encontrarla y por lo tanto salvar su vida.
Omar estaba muy nervioso y tenía miedo de que su amo lo matase, pero hizo de tripas corazón y se enfrentó a su miedo. Cuando Omar terminó de contarle lo ocurrido, Musa no reaccionó, se quedó sin palabras, no sabía que decir. Enseguida que volvió en sí, le soltó a Omar todo tipo de insultos y le amenazó de muerte, le dijo que si no la encontraban, lo ejecutaría estrangulándole.
Musa contactó con la policía, con sus amigos, con toda su familia, para que le ayudaran a encontrarla. Ellos naturalmente aceptaron y Musa dio un destino a cada uno, a Omar le tocó Estambul, la capital turca.
Omar llegó a Estambul en carro. No sabía por dónde empezar a buscarla y comenzó a enseñar un dibujo donde aparecía Imán, que había traído de su casa. Recorrió todo Estambul enseñándolo, pero nadie la reconocía. Al cabo de unas horas que le parecieron eternas, Omar se encontró casualmente con una persona de mediana estatura y de amplia barriga, que se llamaba Ibu, Se conocían desde pequeños. Omar le explicó lo que había ocurrido y le pidió ayuda. Ibu apreciaba a su amigo y aceptó enseguida y juntos empezaron de nuevo con la búsqueda.
Cuando ya se había puesto el sol y ya estaban hartos de buscar, encontraron a una chica que quien creyó reconocer a la niña del dibujo, explicó que la vio entrando junto a dos hombres en una casa ubicada en el barrio de Sultanahmed. Ella les guio hasta la casa.
Cuando llegaron, Omar dio las gracias a la chica y se despidieron. Omar y Ibu no sabían como actuar, ni cual era el plan a seguir, no habían ideado ninguno. De pronto Ibu recordó una película donde unos hombres entraban en una casa con la ayuda de un alambre, así que fueron a buscar un alambre en el taller del tío de Ibu que quedaba justo en la esquina. Cuando ya tenían el alambre intentaron abrir la puerta, primero no podían, pero al final esta se abrió.
Entraron sin hacer ruido, muy cautelosamente, inspeccionaron toda la casa y no identificaron ni a los secuestradores ni a Imán. Estaban muy desanimados y a punto de irse, cuando por azar, descubrieron una sala al lado de la puerta de entrada. La abrieron y sorprendidos identificaron a una niña envuelta en cuerdas y con un trozo de cinta en la boca que no podía ser más que Imán. Le quitaron la cinta y la cuerda rápidamente y enseguida Imán rompió en llanto. Dudaban sobre sus lloros, no sabían si eran de alegría o de miedo, pero eso daba igual. El siguiente paso era huir deprisa y sin dejar rastro. Salieron rápido por la puerta y se fueron al taller del tío de Musa, allí ya estarían a salvo.
No se podían creer que hubiera sido tan fácil rescatar a la niña. La habían dejado sin vigilancia. Eso daba que pensar. Seguramente los secuestradores eran simples aficionados cuya ambición solo era conseguir dinero fácil, si pensar que ponían en peligro la vida de una niña.
Tenían que actuar rápido si querían conseguir atrapar a estos individuos para evitar que volvieran a hacer lo mismo con otra niña.
No tenían tiempo de localizar a la policía y decidieron volver a la casa, dejando a la niña a cargo de su tío. No hubo suerte, no encontraron ningún rastro de los secuestradores. La casa continuaba desierta y todo y el gran número de horas que pasaron vigilándola, no apareció nadie.
La historia acabó bien para la familia de Imán. Todos estaban contentos y deseaban olvidar lo más pronto posible esta historia.
Ibu estaba triste, no dejaba de pensar que otra niña o niño, en este momento, podía estar en la misma situación en la que se encontraba Imán hacía solo unas pocas horas. Ibu pensaba que en el mundo existe gente de todo tipo, y que la gente que es capaz de cometer estas barbaridades no deja nunca de hacerlo.
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